La Hermandad del Honor, Jorge Fernández Díaz

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La hermandad del honor

La melodía que tuerce los destinos

Un chico toca una melodía de Bach con su propio violín, en una casa de la villa 31, y los vecinos y los pibes de la calle se van juntando para escucharlo en silencio religioso. Parece algo inaudito, una música mágica e inesperada que de repente baja y lo cambia todo. Luego una chica toca unos compases de Brahms con su flamante clarinete en la zona mas marginal de Lugano, y cesan todos los ruidos y se callan todas las bocas como si Dios hubiera irrumpido en los paramos con una luz analgésica y cegadora. Esa clase de imágenes surrealistas pero verdaderas no están vinculadas a una película  sino a un pianista: Claudio Espector, niño prodigio que surgió del frío y padre  de todos esos ojhggmilagros.Ahora le dicen el “maestro” porque lo es, pero en 1978 solo era un tecladista…

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